miércoles, 28 de julio de 2010

Samurai

Quisiera ser uno de ellos.... estar en los parajes de Japón, hace mil años atrás, donde la perfección de las cosas estaba frente a tus ojos. Donde los problemas de ahora parecen una estupidez.

Blandir una katana, que sea parte tuya, tu alma, tu ser. Vivir con humildad, y morir con honor.

Despertar cada día y vivir hasta que caiga la noche, con humildad de corazón y simpleza de alma....

Tener corazonadas, y seguirlas.

Que tu mejor amigo sea el bosque de bambú, con ese verde que no verás jamás, donde te puedes perder si quieres por toda la eternidad... pasando mas allá de la pradera, mas allá de los ciervos y el ruido de la cascada... mucho más.
Donde el acero resalta, y los kanjis tatuados en ella brillan al menor rayo de luz sobre la hoja... esa hoja inmortal, que siempre permanece limpia, pulcra, y se lava cuando ha sido usada.

Donde no importa vivir o morir, lo que importa es ser, haber sido, dejar huella en la pradera, meditar. Sentarse a sentir el viento, prender incienso, sentir la combustion con tus ojos cerrados. No dejar jamás que el odio te domine, ni la pena, ni la desesperación ni el miedo. Soy un guerrero, no tengo miedo de morir, sino de NO vivir con el honor suficiente. Pasear por los parajes donde en medio de las casas, se cuela la niebla por la mañana, y en la noche el cielo se cubre completamente de estrellas. Donde los niños juegan a ser guerreros, y corren desde el alba al anochecer. Donde se trabaja y agradece la tierra, todos y cada uno de los días. Quiero estar allí y ser un guerrero. Morir por una causa justa, respirar el viento helado de la montaña e iluminar mi corazon como un sol. Madrugar desde temprano, recibiendo a mis ancestros en meditación, desde el templo, con sumisa devoción. Agradecer cada comida, cada humilde regalo de la tierra, que da con ayuda de hombres y mujeres, la cosecha esperada.

Pasear en caballo bajo un manto invisible de lluvia, que me cegará el paisaje por completo. Que barre la tierra por completo, dejandola limpia para una nueva batalla, donde lo que importa es el honor, honor. No importa la lluvia, ni a mi caballo ni a mí. Deja que caiga y no sentir nada mas que el sonido que inunda todo mi ser, que me lleva a solo sentir, estar, ser, disfrutar y ser yo mismo, cómplice de la tierra misma.

Donde el arte marcial se ocupa en todo momento, desde blandir el acero, hasta cultivar el arroz. Donde me rodea la perfección de cada responsabilidad de mi gente, que buscan el resultado mas hermoso de lo diverso que puedan hacer. Desde cortar una flor, hasta hacer que el Seppuku nos dé el honor que queremos. El que nos hace descansar en paz.

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